20160820

La Segunda Venida de Cristo

“En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.” (Juan 14:2).

Jesús partió de este mundo con el propósito de preparar un lugar para nosotros

“Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” (Juan 14:3).

Jesús prometió volver para buscarnos y llevarnos a donde Él está ahora.

“Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.” (Hechos 1:9-11).

Los ángeles prometieron que de la misma manera que los discípulos vieron a Jesús partir, lo veremos volver.

“...aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13).

Esta es la expectativa bendita a la que todos los verdaderos cristianos tenemos que tener: mirar al futuro esperando el retorno de Jesucristo.

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.” (1 Tesalonicenses 4:16).

En el momento de su regreso oiremos una orden poderosa, un grito en alta voz dada por un arcángel.
Nosotros oiremos una trompeta que sabremos que es de Dios por su resonar sobrenatural y que calará lo más profundo de nuestro ser. Esta trompeta es el verdadero shoffar de Dios que sonará desde el cielo en ese momento.

La voz y la trompeta antecederán al instante en que los muertos en Cristo resucitarán de sus tumbas, del mar, de los ríos, de las cenizas del fuego. Esta será la resurrección de los hermanos en Cristo muertos de muerte natural, martirizados, fallecidos en accidentes, por enfermedades, quemados vivos o incinerados. Los elementos de la tierra que retuvieron los restos mortales de los hijos de Dios, los devolverán en la forma de cuerpos glorificados parecidos al cuerpo resucitado de Cristo, el primogénito. Será la reunión de todos los Cristianos muertos entre la crucifixión de Cristo hasta el exacto momento de su retorno.

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.” (1 Corintios 15:51-52).

Inmediatamente seguido a la resurrección de los muertos en Cristo, los que estuviéremos vivos en ese instante, seremos transformados también. Nuestros cuerpos mortales serán glorificados en esa hora. En ese instante serán removidas todas las marcas de mortalidad de nuestros cuerpos: enfermedades, defectos, mutilaciones, vejez y deformidades. Todo los órganos de nuestro cuerpo serán transformados recibiendo una forma gloriosa, algo difícil de imaginar con nuestras mentes naturales.

“Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.” (1 Tesalonicenses 4:17).

A partir de este tremendo acontecimiento nunca más seremos separados de la compañía de Jesús.
Todos los creyentes, de todas las épocas desde la resurrección de Cristo hasta el momento de su retorno estaremos reunidos permanentemente al Señor para siempre.

“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.” (1 Juan 3:2).
En el regreso del Señor Jesucristo seremos transformados a la semejanza de como Él es.

“el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. (Filipenses 3:21).

Piense en el poder de Dios dirigiendo a la naturaleza desde los átomos de la materia hasta las incontables galaxias en el espacio infinito. Dios dijo “Produzca la tierra hierba verde” en Génesis 1:11 y hasta el momento presente las hierbas verdes crecen sin parar por el poder de la palabra de Dios.

Piense en el poder de Dios dictando la historia, levantando y derrumbando gobiernos, reyes y presidentes.

Piense en todas las veces que Dios intervino en el mundo que nos rodea, sea a través de tus oraciones, a través de milagros inesperados. Recuerde todas las veces que Dios trajo soluciones para ti o para hermanos en Cristo que tú conoces.

Piense en los incrédulos que se convirtieron. Piensa en el poder del Espíritu Santo que conduce a los pecadores al arrepentimiento.
Si usted es un cristiano nacido de nuevo, sabe muy bien a lo que estoy refiriéndome aquí: el poder de Dios. Ese poder es infinito e imposible de ser detenido. Este es el poder que transformará nuestros cuerpos en el regreso de Jesucristo.

“Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.” (1 Corintios 15:53).

Dios desvestirá nuestros cuerpos de la corrupción y de la mortalidad y nos vestirá de incorrupción e inmortalidad.

Así como en el Jardín de Edén Dios reemplazó con pieles de sacrificio de animales a los delantales inútiles de hojas de higuera que Adán y Eva cosieron para si después de caer en pecado (Génesis 3:7; 21), Dios reemplazará nuestros cuerpos mortales por nuevos cuerpos inmortales, conquistados por el sacrificio único y suficiente de Jesucristo en la cruz del calvario.

Entonces, ten ánimo, permanece firme, no cedas, recuérdate de esta esperanza: Jesucristo vendrá a buscarte a cualquier momento, en breve.